Testimonio #11

Queridos amigos: He decidido escribir estas líneas contando mi experiencia, con el objetivo de contribuir, de alguna manera, con aquellas personas que padecen Dermatitis Atópica y aún no han encontrado un tratamiento que mejore su calidad de vida.

En mi caso, desde muy pequeña comencé a recorrer todos los médicos de los que mis padres tenían constancia, para encontrar una solución que curase esos pequeños eczemas de mi piel que estaban localizados en los brazos, piernas y muslos.Tras recorrer numerosos dermatólogos y probar infinitas cremas y jabones, escuchar consejos de médicos que indicaban a mis padres que me amarraran las manos durante la noche, entre otros, poco a poco, estos eczemas fueron desapareciendo cuando llegué a la pubertad.

Tras esta etapa, a los 19 años comencé a notar la piel seca, a pesar de las cremas hidratantes que me ponía, y me empezaron a salir aquellos eczemas que ya conocía. Esta vez me tocaba a mí encontrar una solución, comenzar a buscar algún médico que pudiera ayudarme, pero los dermatólogos y alergólogos privados eran demasiado caros.

Por esta razón, acudí a mi médico de cabecera de la Seguridad Social, quien me indicaba que fuera a la playa, para darme baños en agua salada y tomar sol. Poco a poco, el estado de mi piel fue empeorando, el picor era insoportable, los eczemas se extendían por todo el cuerpo y hasta me molestaba abrir los ojos por la piel tan reseca de mis párpados. Sentía vergüenza al verme así y no sabía a quién acudir, sólo necesitaba que me rascaran, aunque me miraran con lástima.

Finalmente, pude conseguir que un dermatólogo estudiara en profundidad mi caso. Fue un proceso largo y duro. Tomaba corticoides y necesitaba tres clases de cremas y dos jabones especiales. A la vez, y tras días de papeleo, la Seguridad Social me cubrió un tratamiento de rayos PUVA en una clínica privada a la que tenía que desplazarme tres veces a la semana.

Además de la medicación que ya tenía que tomar, se añadieron las cápsulas previas a mi entrada en la máquina de rayos, situación que se prolongó durante casi tres meses, pero mereció la pena. En pleno mes de enero, lucía un moreno impresionante y mi piel estaba sin eczemas y mínimamente hidratada.

Actualmente tengo 23 años y llevaré conmigo el recuerdo del dermatólogo que consiguió aliviar mi situación y devolver a mi piel un aspecto de normalidad, dentro de las complicaciones que tiene estar afectada por esta enfermedad. Ya lo he asumido como parte de mi vida; los antihistamínicos, los geles, las cremas y pomadas ocupan mi mesilla de noche, mi ropa es 100% algodón y el picor es un enemigo que intento controlar, aunque en ocasiones reconozco que me vence. Existen épocas mejores y peores, pero con la correcta información, el tratamiento y un poco de paciencia, todo pasa.Renové mi vestuario, todo algodón. Cambié mi ropa de cama, reestructuré mi habitación; son algunos de los cambios que tuve que realizar.

Gracias a todos aquellos que nos apoyan y aprovechar la ocasión para animar a los pacientes y familiares a seguir luchando por mejorar nuestra calidad de vida.

Fuente: http://www.adeaweb.org/03testimonios/cartas/carta2.htm
[Adaptación del original] [Puede que el autor no conteste a los comentarios]