Cuidado con el cloro

Te puede condicionar el resto del día, incluso aunque te duches con agua limpia y con jabón, ya que parece que el daño ya se ha producido. A mí el cloro me seca mucho la piel, aunque ya no me molesta como lo hacía antes, que tenía que tener a mano un bote de crema para parar esa sensación completa en todo mi cuerpo y salvarme.

En ese raro estado de sequedad lo que he sentido es mayor reacción a cualquier agente externo (que me pudiera inflamar la piel, por ejemplo), incomodidad y debilidad general de la piel y facilidad para que una herida rascada se haga peor, de hecho, es difícil que esto ocurriera ya que tal era el estado de sequedad que rascarme sólo me producía repelús, aversión. Ahora, tras haber aprendido a resistir esa sensación, lo único que finalmente siento es ligera sequedad en todo el cuerpo, el caso es que aunque pueda perdurar varias horas, como que ya no me molesta y al final el estado natural de mi piel vuelve sólo, se recuerda y vuelve a su estado original como si fuera una copia de seguridad.

El caso es que no siempre fue así; conforme iba mejorando fui introduciendo poco a poco más el agua, porque lo que yo quería realmente era permanecer siempre fuerte en cualquier estado y antes cualquier situación, así que empecé a ser consciente de los detalles que me funcionaban y de las cosas que hacía que no cada vez que me exponía a estos riesgos.

Por ejemplo, para empezar ya era cosa de mi propia iniciativa, sabiendo las consecuencias negativas que podría haber, por lo que ya iba con una actitud positiva y preparada para aguantar más que si no estuviera preparado. Hacía pruebas, reduciendo la hidratación e intentado soportar ese estado para acostumbrarme a que no fuera incómodo. Veía qué zonas se me secában más y entonces eran más incómodas, y así me di cuenta de que hidratándome esas zonas (manos y cara) podía evitar hidratarme el resto y reducir en gran medida la incomodidad total del resto del cuerpo. Me fijé en que cuantas menos heridas tenía, mejor aguantaba todo y todo ello estaba estrechamente relacionado con todos mis problemas con el agua. Me di cuenta de que era mejor no comer ni mancharme. También de que había un límite de veces o tiempo de seguridad que podía resistir el agua y que era conveniente dejar días de descanso (por ejemplo, antes de ayer me bañé en piscina media hora y ayer me bañe en piscina media hora y por la tarde me duché en casa, eso fue demasiada agua para dos días porque me ha secado mucho la piel, y cuanto más la aleje de su estado natural más le cuesta volver; y aunque no ha tenido consecuencias fatales, procuraré no volver a repetir, sobre todo lo de dos veces agua al día).

Cosas así las podemos deducir y pensar cualquiera, y además son muy personales, así que os animo a que veáis vosotros también donde están vuestros límites y que, con una actitud positiva descubráis todos esos trucos y detalles que puede que os ayuden en este y otros problemas. Lo que podéis pensar que seguramente vais a tener todos en común conmigo y entre vosotros es que el estado previo de la piel es muy importante: si os metéis al agua hechos un cromo lo más probable es que lo paséis mal, pero es que ya lo estábais pasando mal antes de meteros al agua. Por contra, con cierta fortaleza, estabilidad en la piel, soportaréis mucho mejor el agua y el cloro, sabiendo que si empeoráis lo soportaréis y sabréis volver a recuperaros. La ventaja de lograr finalmente controlar la enfermedad es que llegas a conocer lo que hacer para recuperarte rápidamente si has empeorado (sabiendo la mayoría de las veces por qué has empeorado). Conviértete en una roca impertérrita frente al agua.