El control de la gula (1)

Podemos empeorar si el hambre nos confunde. El hambre nos confunde apareciendo ante situaciones o estados que no son los habituales o ante las que no reaccionamos correctamente. En la práctica esto tiene lugar en diversos casos: el primero, cuando no sabemos distinguir el tipo de hambre (si nos apetece carne, proteínas; o pasta, hidratos de carbono) y entonces tomamos alimentos equivocadas que no acaban de satisfacernos, o alimentos que contienen solo parte, confundiéndonos más todavía, y eso hace que queramos seguir comiendo porque no estamos satisfechos. Por lo tanto, en este primer caso la piel y el organismo en general va a sufrir por la ausencia de algo que necesita. Un ejemplo fácil: el niño que no tome ningún día verduras porque no le gustan va a sufrir esto, aunque no se de cuenta. Esto se podría compensar tomando otros alimentos que compartan algo de eso que necesitas que procede de las verduras, pero esto es más difícil y nos podría estar pasando lo de tomar un alimento y no quedar satisfechos, y entonces seguir dando tumbos sin quedar saciados.

El segundo caso es comer mucho cuando no lo necesitamos, produciéndose un exceso. Por ejemplo, si hacemos deporte 4 días a la semana y 3 descansamos, y esos 3 de descanso comemos tanto como en el resto, vamos a estar comiendo en exceso. Por lo tanto, en este caso la piel y el organismo sufre de el tener demasiado de algo y por otra parte, del trabajo que cuesta quitárselo de encima si es que puede. Por ejemplo, con un exceso de grasas, no podría quitárselo tan sencillamente como con hidratos de carbono simples. El panorama de este caso empeora si este exceso se produce con alimentos que de por sí ya nos perjudican: así, un exceso de chocolate, o de alcohol, o de leche, nos hará el doble de daño. Y empeora conjuntamente con el primer caso, ya que si abusamos de algo porque no sabemos distinguir el alimento que nos estaría haciendo falta, estamos sufriendo por partida doble, una porque estamos careciendo de ese algo y otra por el exceso.

El tercer caso es el hambre por tentación. Esto puede suceder cuando llevamos una dieta sana y equilibrada, variada, buscando nuestro peso ideal y bla bla bla, es decir, la dieta ideal que todo el mundo debería seguir para llevar una vida muy saludable (no sé si se llama dieta hipocalórica). El problema está es que en la costumbre de comer tan bien, nos podemos ver tentados por los placeres de la comida, y entonces alcanzar un límite que no te puedes resistir y entonces tienes que romper las reglas, y en esta infracción se te puede ir la mano o no, y el cuerpo puede reaccionar o no de una mala forma.

El cuarto y último caso es el hambre total, que viene de comer de menos y con carencias. Este es el peor caso porque en él confluyen los 3 casos anteriores: tienes carencias, entonces tienes el peligro de suplirlas erróneamente, entonces comer en exceso, romper las reglas por tentación y ansia por comer y sufrir un descontrol total de la comida.